Y SI TE HA GUSTADO MI PINTURA, MIRA LA RABIETA DEL CRÍTICO DE MI PUEBLO.

Para mí, esta critica es una anécdota muy divertida, me encanta que mi obra en lugar de dejar indiferente, ponga nerviosos a los nuevos dictadores del arte oficialmente contemporáneo.

Lo preocupante es que siguiendo sus “peculiares criterios” y forma de actuar frente a lo que personalmente “no le place” se está empleando el presupuesto público destinado a las Artes Plásticas de la provincia de Córdoba ya que este "critico de arte", Oscar Fernández,  es asesor de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí. Así se explica fácilmente el porqué de la forma de actuar tan “caprichosa” que tiene esta institución pública en sus diversas actividades y convocatorias, como por ejemplo en la Bienal de Artes Plásticas...

CUADERNOS DEL SUR, suplemento cultural de  DIARIO CÓRDOBA - 13 de diciembre de 2007

Al publicarse este artículo, J. A. Pérez Guillén, Catedrático de historia del Arte que había visto la exposición, decidió contestarlo con otro articulo que en el DIARIO CÓRDOBA no quisieron publicar argumentando “falta de espacio”. Como por aquí no tenemos problemas de espacio, allá va:

José Luis Muñoz y el crítico  autoritario.

José Antonio Pérez Guillén.         Catedrático de Bachillerato.  Profesor de la Escuela de Arte “Mateo Inurria”.

En el “Cuaderno” del diario “Córdoba” del pasado día 13, con el título “Pintura autoritaria”, apareció un comentario firmado por Óscar Fernández sobre la exposición del pintor cordobés José Luis Muñoz que estos días puede visitarse en la Galería Arte 21. Su sentido resulta difícil de calibrar porque si nada justifica exigirle a un pintor qué y cómo debe pintar,  no ocurre lo mismo ante quien pretende hacer una crítica de su obra, al que sí   podemos demandar lógica expositiva, juicios argumentados y la elemental modestia de no elevar a categoría universal sus valoraciones ni descalificar con dicterios lo que no le gusta o entiende.

En cuanto a lo primero, resulta difícilmente compresible que el comentarista “conozca apenas nada del devenir profesional” del  ya consagrado artista. Y no lo decimos porque podría haberse ilustrado antes de ponerse a escribir o porque la obra de José Luis Muñoz goce de amplia difusión entre los amantes del arte. Lo decimos porque se conoce mucho, poco o nada de algo o alguien, pero correspondería a la epistemología metafísica conocer “apenas nada”, pues que la nada es carencia absoluta. Galimatías que se enreda aún más cuando, a pesar de su “apenas” desconocimiento, dice constarle la devoción del pintor por el “dibujo realista, sus inclinaciones neobarrocas y su cada vez más agudo sentido ahistórico”, todo ello destilado en “antigua alquimia” (?). Enjundiosas apreciaciones que desconciertan. En qué quedamos: ¿conoce, no conoce, conoce apenas? Desde luego, nunca tan menguado saber generó tan elucubrante esoterismo.

Quizá sea el riesgo de desairar a las Musas: ellas siempre se vengan haciéndonos trompicar en la retórica. Y, así, tras calificar la obra expuesta del pintor de “indescriptible”, afirma de ella que es “inaudita”, “cerrada y ampulosa”, de  “meticulosa factura”, detallista en exceso y temática y compositivamente ambiciosa, lo que hace “huero todo comentario”. Asombroso. No se sabe cuál de las dos paradojas cautiva más: si la sin sustancia de tan denso análisis o la  inefable riqueza en atributos de lo “indescriptible”. ¡Y muchos que pensábamos que el término designaba aquello sobre lo que no se puede dar una idea de sus propiedades!

Respecto de lo segundo   -argumentación de las opiniones- resulta llamativo que aún siendo verdaderamente amplio el espectro conceptual plástico, el comentarista emplee nociones inusitadas en ese ámbito, pero sin explicarnos qué quiere significar con ellos. Máxime cuando se usan para descalificar el trabajo de alguien. Para él, según pontifica, la pintura de José Luis Muñoz es “autoritaria”, “soberbia”, “acusadora”, “insultante”, “excluyente”, de contemplación genuflexa, anuladora del “espectador a base de minar sus sentidos con todos los trucos y amaneramientos imaginables”... Demasiada carga para ninguna glosa. Se le reconoce, no obstante, su consideración por prevenir a los que decidan visitar la exposición del grave riesgo que corren: de ella saldrán vituperados, humillados, ninguneados, a tientas y apoyándose unos en otros por discapacidad sensorial  -esperemos que transitoria- causada por prestidigitaciones pictóricas, desterrados del mundo del arte y acusados no sabemos de qué. Todo eso después de adoptar sucesivamente, a la voz de “ar” de los cuadros, las posiciones de firmes y rodilla en tierra para su contemplación. ¡Gracias sean dadas de que no nos escupan al mirarlos!

No sabemos si Óscar Fernández quería hacer una crítica sobre la obra que se expone en la Galería Arte 21, pero si es así el fracaso es estruendoso: la critica se fundamenta en criterios y análisis, mejor o peor pergeñados, pero jamás en descalificaciones gratuitas o en la estupidez de aplicar a la pintura detestables actitudes humanas.

Y sobre lo tercero  -la tentación de universalizar nuestros criterios-   una reflexión. El comentarista valorará o no la obra de José Luis Muñoz, le agradara o le desagradará, es su libertad de opción y en su derecho está de manifestarlo, incluso de “aquesta” manera. Pero que respete ese mismo derecho para los demás. Que él no imaginara las “filias” del artista cordobés no impide que otros puedan imaginar lo que su fantasía promueva, y que a él le sea ajeno el “lenguaje” del pintor no implica que lo sea también para “el hombre del siglo XXI”. Eso es lo que resultaría autoritario. Que cada cual imagine lo que quiera y que dialogue con el arte en el “lenguaje” que prefiera.

 Somos muchos, como demuestra el éxito de visitas a la exposición, y la venta de sus obras, los que admiramos a este artista y seguimos su trayectoria: fructífera e intensa a pesar de su juventud y esperanzadora por la búsqueda afanosa y permanente de nuevos temas y formas que le caracteriza. Gente que valoramos a los artistas que, como él, aspiran a lucirse y a ser admirados por su trabajo, sin denigrar por ello de quien -“rara avis”-  lo haga buscando la indiferencia o el pitorreo del personal. Lo de la provocación por el mal gusto y la bobalicona pleitesía al “azote” del arte contemporáneo, afortunadamente, ya caducó para consternación del papanatismo “progre” que, faltaría más, puede persistir en su nostalgia.

Gente que creemos que los “personajes ilustres”, la “alta cultura”, los “mitos y las Musas”, incluso el Parnaso entero, tienen, todavía, mucho que enseñarnos. De ellos aprendimos, entre otras cosas, lo petulante que puede ser la ignorancia, la dignidad de no postrarnos ante nada, la humildad de no descalificar lo que no nos gusta, que lo único “inadmisible” es no admitir y la grandeza  de intentar hacer nuestras las cosas sin “domarlas”.

 Siga, pues, José Luis Muñoz, en su envidiada Ítaca, pintando sólo para él lo que le venga en gana  - es la mejor forma de hacerse encontrar por los demás-,  sin atender, como sabemos que hace, el canto inane de sirenas trasnochadas. Ya quedan  pocas y únicamente se escuchan entre ellas. De ahí su soberbia.

 

DISEÑO:

J.L. MUÑOZ